12.10.10

¡¿cuántas minas?!, ¿cuántas dijiste...?

Dígannos oportunistas si quieren, que no nos importa. Que nos subimos a cualquier tren con tal de pellizcar un mendrugo, ¿y qué? Los Habitués no niegan su total y absoluta falta de independencia cuando de féminas se trata. Señorita, quiere usted reducirme a la servidumbre más abyecta, dele nomás, con confianza y, ah, por favor, dígame "insecto"...

Porque el fin de semana que acaba de pasar la ciudad de Paraná, ahí a orillitas del río ídem, fue testigo de algo así como el mítico paraíso de los mujaidines: treinta mil, ¡treinta mil!, descendientes de nuestra querida y rebelde Eva primigenia en el XXV Encuentro Nacional de Mujeres. Decí que no te dejan entrar, que si no... "¿Que si no qué?", nos interpela en el acto una feminista desconfiada y sensible... Rajar, compañeros, es lo mejor en estos casos.

(imagen: www.kaosenlared.net)
Qué quiere que le diga, nos encantan las mujeres combativas, sobre todo en el dulce momento en el que, cansadas de guerrear, se permiten un descanso en la lucha y arrían las banderas con las que a veces y con razón nos bardean, pa' acurrucarse y firmar necesarios (¡y benditos!) armisticios...

Por falta de tiempo, la verdá, no voy a entrar en el detalle de los muchos y necesarios temas que las compañeras tratan allí cuando se juntan; sólo citaré una consigna: "El plan de lucha comienza en mi cachucha", y con esto está dicho todo... Pero violencia de género, prostitución, educación sexual, despenalización del aborto, son algunos de los que se trataron en los muchísimos talleres del Encuentro. Que si el tamaño es importante, parece ser que se discute en otros ámbitos. En fin...

Pero resulta que entre tantas flores no todo son rosas. Uno de los talleres fue interrumpido por un grupo de señores al grito de "¡putas!". ¡Miralos vos a los muchachos de la cristiana caridad que profesan el amor al prójimo como regla nambergüán! Menos mal que no son nazi-fascistas, que si no... ¿O serán?

Así que, señoras, señoritas, la principal razón de esta crónica es la de ofrecer nuestra adarga de caballero andante (che, ¿y una imagen menos fálica no? Y bué...), cual mosqueteros dispuestos a cagarse a palos si es preciso pa' defender su honor y su integridad. Cuentan ustedes con diez pechos habitués pa' lo que gusten mandar (no sé, digo, así pueden discutir tranquilas...). 

Nada más. Sí, mi amor, lo que vos digas...

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¡Compañeras (pa' la mía, y para todas), salú!

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