11.9.09

¿Manhattan? ¡Viva Chile, mierda!

¿11-S? ¿Qué corno quiere decir 11-S? ¿Onces? O sea, ¿muchos onces? ¿Muchos wing izquierdos? ¿Once salames?

11-S, mecachendié, qué moda de miércoles... En mis tiempos se escribía "11 de septiembre". Pero así es el asunto, y nunca falta algún otario que se deslumbra con esas cosas y va y le pone "drugstore" al quiosco de la esquina. ¡"Drugstore", escuchame un poco!

Los Habitués ven con consternación la proliferación de estos ranas, especímenes vaporosos que van pa' donde sopla el viento. Así que van por la calle y ven "sale off" donde antes decía "liquidación" (¿qué quiere decir seilof?), o "pharmacy", o "winery", o "kids" en vez de "pibes"... ¡Con lo lindo que suena "pibes"! Si te querés hacer el cosmopolita ponele "botijas", que suena mucho mejor y lo entendemos todos, ¡cabeza de corcho, gil de estopa!

 
Pero bueno, todo esto viene a cuento porque, además de que nos afanan las palabras, con la interesada complacencia de algunos atorrantes, claro está, también nos afanan las fechas.
Hoy, 11 de septiembre, el mundo entero conmemorará y hablará y gastará ríos de tinta (digital) discutiendo y perorando sobre no sé qué atentado no sé en dónde. Y ojo, que los Habitués no pecan de necios, bien saben en qué mundo están parados, pero es como que hay algo que no cuadra. Todo el mundo se escandaliza y se aterra, y vuelven las cruzadas, se habla de dios y todo eso (y por favor que alguien me explique qué tiene que ver el pobre barba en todo esto, que ya es el colmo), si a mí me dijo el almacenero que en realidad parece que fueron ellos mismos. Y qué quiere que le diga, a mí no me extraña. Capaces son.


Y si no fueron ellos mismos, los muchachos estos de las barras y las estrellas, tan amantes de la democracia (¡ja!), acusan a unos tipos que resulta que antes eran sus amigos... Y no sólo eso, si no que además, con los ojos tintos en odio y enfermos de sed de venganza porque les metieron el dedo en el culo a ellos tan machitos, van y les caen con todo... a otros, que no tenían nada que ver, pero por las dudas. Así que, unos u otros, alguna cagada se habrán mandado... Digo, se lo ganaron a pulso ésto de que los cagaran a avionazos haciendo méritos ahí por la tierra de la Media Luna.

Yo qué sé, no me pone contento ni me causa risa la muerte, ninguna muerte, y que esto quede clarísimo. Pero si fuera por mí, y sobre todo por ellos, le derrumbaba a gomerazos, o le enfilaba toda la flota de bondis 60 a las torres esas que eran primas, mellizas (como las galletitas), siamesas o algo por el estilo, les volaba el Puente de Brooklyn (bruclin) y el Empire State (empairesteit) a puros triangulitos y rompeportones, y la est... estuata... ¡estatua! de la Libertad famosa esa se las volteaba a escupitajos...

-Flores, al grano.

Disculpe. Decía que nos afanan las fechas porque hoy, on-ce-de-sep-ti-em-bre, es un aniversario nuestro, cercano, hermano, de nosotros. Hoy se cumplen 36 años de, por un lado, un hecho aberrante, las bestias sacándose la máscara y mostrando por fin los dientes, su oscuro odio (y, ¡oh, casualidad!, mirá, los pibes éstos de los que hablábamos antes...), y, por otro, de un gesto, un símbolo, de una hondura y de un coraje como pocos.


Don Salvador Allende, el Chicho, presidente constitucional de Chile y socialista, con las bestias ahí en la puerta a punto de dar el zarpazo, se quitaba la vida en el Palacio de la Moneda, cumpliendo una promesa, o su deber, o quizás algún mandato más hondo. Un rato antes dijo:

 
    "Seguramente (...) el metal tranquilo de mi voz ya no llegará a ustedes. No importa. La seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la Patria. 
El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse. 
Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor. 
¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!
Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición."


Después apretó el gatillo, y con eso dijo todo. ¿Qué más decir?


Los Habitués con este emocionado homenaje lo saludan a usted, y en usted a los tantos, tantos otros, que, cuando las papas quemaban se quedaron, equivocados o no, no importa, donde entendían y sentían que había que quedarse (en vez de, por las dudas, salir rajando).


¡Salute, compañero presidente! 

¿Te lo imaginás a yorsh bush haciendo lo mismo? ¡Ni en pedo el pobre!

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