27.10.10

al gran pueblo argentino, ¡SALÚ!

Cosa seria, che, mecachendié... con tantos mierdas que siguen dando vueltas, con tanto buitre que acecha. Justo ahora, taquelotiró...

No voy a hacer aquí el panegírico del ex-presidente, ya habrá quien lo haga mejor, o peor, seguramente. Tampoco quisiera entrar en ciertas discusiones pedorras y elementales (si uno es K o anti-K) que son bastante comunes y que le faltan el respeto a la inteligencia.

Quiero hablar como un tipo que se reconoce en el movimiento popular, llámese peronismo o como más le guste llamarlo, que las etiquetas y las camisetas son lo de menos.

Nunca tuve vergüenza de decir que era peronista, jamás, porque cuando decía peronista decía John William Cooke y Evita, el Tío Cámpora, Atilio López, Julio Troxler, Cacho el Kadri, Rodolfo Walsh y Paco Urondo, Raimundo Ongaro, Discépolo y Carlos Mugica, los trabajadores sindicalizados en algo que se llamó y se llama CGT, los miles de delegados obreros de la Resistencia encarcelados, los asesinados; los peronistas que se enfrentaron a los burócratas y los traidores del Movimiento; el pueblo sencillo que se supo dignificado, los "cabecitas negras", la patria libre, justa y soberana, la universidad popular; decía mi viejo, mi vieja y mis tíos, aquella JP del socialismo nacional, los desaparecidos. Y también decía Agustín Tosco, y la Revolución cubana, y Zapata y Sandino y Allende; y Carlitos Marx y Lenin... Ese peronismo decía cuando decía que era peronista. Ese peronismo, aquél, el que fue derrotado y "desaparecido" del mapa durante casi 30 años...

Nunca, jamás, el peronismo de la VERGÜENZA (el que acaba de asesinar a un militante), aunque haya algunos miopes a los que todo le parece "lo mismo", como perfectamente le conviene a algunos dueños de casi todas las cosas.

(salvando obviamente las distancias, una tapa magistral
de nuestra historia reciente para despedir a un líder político excepcional)
Y se me hace necesario decir ésto porque algo de bueno pasó en estos últimos siete años, mucho, pero muuucho más de lo que hubiéramos esperado o siquiera imaginado, y más allá, muuucho más allá, de lo que el "kirchnerismo" es en sí como proyecto político y económico. Porque poco o nada me importa lo que hagan o dejen de hacer las estructuras, los dirigentes, sus propias motivaciones o intereses. Sí me importa lo que ocurre, lo que nos ocurre en términos políticos y, sobre todo, lo que hace el pueblo cuando tiene ganas de comprometerse.

Porque fijate vos, hoy, los jugadores en la cancha: de un lado la desmovilización, el escepticismo, la no-política, el miedo, el individualismo más rancio, las banderas de los garcas. Del otro... bueno, hay de todo, como en botica, claro. Pero en la base, ahí abajo, hay un pueblo que se empieza a sacudir de encima los restos de una derrota atroz, de 30 años, y que empieza a movilizarse, a organizarse, a afiliarse, a comprometerse, a creer en su propia fuerza, a tener ganas de pelear.

Y Néstor Kirchner, un tipo valiente que le devolvió a la política algo de su perdida dignidad, y más allá de lo que fuera específicamente su quehacer como político, formó parte insoslayable de este proceso de reconstrucción de la conciencia social.

El "kirchnerismo", con sus virtudes y con sus limitaciones, quizás pase, pasará. La lucha no, que es una y es la misma, siempre. Hoy en el ispa se redobla la militancia popular (ojota, peronista y no-peronista), la participación, la discusión política... Y el loco éste que se acaba de ir deja un país un poco más inclusivo y solidario, más consciente, más democrático. En buena hora, y a hacerse cargo de defender lo ganado, y a seguir peleando por lo que falta.

Porque nos deja a los peronistas, aún a aquellos de la vertiente quilombera y anarca, con la sensación de que el peronismo, aquél, el popular, el que también supo ser revolucionario, el que quiere ser democrático, sigue siendo una herramienta de combate y de cambio.


Hay quizás quienes se alegren hoy. Los garcas disfrazados de democráticos, sin duda. Del otro lado, quizás aquellos que entienden que todos los demás, el mundo entero, menos ellos, son "la derecha". Y quizás también mucha, muchísima gente desorientada, derrotada, temerosa y sin-sangre, que repite como loro el discurso de los dueños del poder y que termina defendiendo los intereses de los patrones de la estancia. Ellos, tal vez, quizás se alegren.

Nosotros, la verdá que no.

Don Néstor: hoy, un brindis habitué, peroncho y discutidor, de mesa a mesa, en su nombre. Y por más participación, más compromiso, por más militancia popular, de todos los colores, ¡Salú!

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