12.7.10

pero los dinosaurios... (parte I)

Lo peor de todo es el cambalache, la interesada incongruencia. Porque, pongamos por caso, por ejemplo: si a uno se le rompe la canilla, si gotea, digamos, uno agarra y llama... no sé, a un plomero... ponele. Si se le rompe el auto va al mecánico, y si le duele la panza, va al gastroenterólogo. Nunca se le ocurriría a uno, si le duelen los callos, consultar a un bombero, o a un guitarrista, ¿verdad? Quiero decir, cada uno con lo que sabe, y los mejores resultados estarán garantizados.

Entonces yo me pregunto: ¿cómo es que unos señores que no tienen ningún diploma de ninguna pero de ninguna cosa tengan el tupé de andar opinando y pretendiendo organizarle la vida al común de la gente? Y lo que es aún peor, ¿cómo es que mucha, mucha gente todavía les sigue dando pelota?

Porque, a ver, estos señores hace muchos años decidieron entre todos tomarse licencia de las cosas de la vida para mejor atenerse a las cosas de Dios (como si fueran distintas, mecachendié). Pa' no distraerse decidieron, en consecuencia, hacerse célibes, voto de castidad mediante. Y está perfecto, cada loco con su tema, y a otra cosa mariposa. Pero de ahí a pretender tener algún tipo de autoridad... Yo no sé, pero me parece que no deberían opinar sobre lo que no conocen. No sé, digo...

El hombre y la mujer, el deseo, el sexo, el matrimonio, la familia... Vamos, muchachos, de verdad pretenden que alguien los tome en serio. ¡Si hace siglos que no le ven la cara a Dios! Serán chistosos... En fin, será de Dió...

Pero bué, pobres, pa' mí que se mueren de envidia, los carcomen los celos, les da bronca la valentía que se negaron a sí mismos, qué quiere que le diga... La joda es que pretenden prohibírsela a otros. Y a otras. Y eso está mal, muuuuuy maaal.

Pobres muchachos, "buenos muchachos", que abandonaron sin más todo intento de armonizar el cuerpo y el alma, el deseo y la restricción, el placer y el dolor, cosas dificilísimas si las hay, si lo sabré yo, mutilando, escondiendo todo aquello que les produjera insoportables contradicciones, eligiendo, pobrecitos, mortificarse ad majorem dei gloriam. Ponele que estaba bien para la Europa del Medioevo, pero...

¿Cómo habrían de poder opinar sobre educación sexual, por ejemplo? Si no saben lo que es una caricia. O sobre la salud reproductiva, o el derecho o no al aborto, si no salen de sus bellos conventos. ¡O sobre el amor, mecagoenlahostia!, si, resumiendo, hace centurias que no garchan, y que desconocen todo placer, todo deseo (y no sólo desconocen, si no que no tienen ni la más puta idea, ni la más mínima sospecha, de la íntima y universal maravilla de estar en bolas frente a otro u otra). Estos pobres señores atrasan milenios y pretenden tener autoridad sobre la vida, el gusto y las costumbres de millones de personas. Muchachos, la verdá, se pasan.

Lo peor de todo es que como no tienen argumento ninguno pa' sostener que su torpe razón es LA razón y por lo tanto superior a otras ¿qué hacen? Recurren a Dios. ¡A la marosca! ¡No tenés padrino, no tenés! (vió los nenes cuando se pelean que dicen "mirá que llamo a mi hermano mayor que es policía" y el otro retruca "¿Y qué? el mío es comisario...". Bueno, aquí es igual, puro regateo de credenciales. Falsas, claro). Porque, ¿qué corno tiene que ver Dios en todo esto, me puede alguien decir?

Pero en fin, me parece que sigo en la crónica que viene. Salute, y hasta más ver…

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