21.10.09

Los Habitués: radiografía política (parte I).

O De cómo la incoherencia puede llegar a ser bandera.

La identidad política de los Habitués es otro de los misterios de los que hablábamos antes. Cuando están todos juntos gustan definirse con algo de vaguedad (con algo de vagancia, para ser más exactos) como peronistas. Criollos, porteños, tangueros atorrantes y peronistas, por entender quizás que en este increíble y contradictorio lugar del culo del mundo casi nada queda por fuera de esta última definición. Los Habitués (bah, algunos…) sostienen, o mejor dicho sospechan, que no existe la posibilidad ontológica de haber nacido por estos lados y no ser peronista, de lo que se infiere que, siguiendo esta poco menos que delirante teoría, habría un montón de peronistas que lo son aún sin saberlo y, sobre todo, aún sin quererlo.

Si los apuran un poco, o cuando empieza a ser “nesario” (¿no te digo?, todos peronistas, hasta las ratas) separar la paja del trigo, y un poco en honor a los dignos y queridos anarcos de principios del siglo… pucha, me hago lío a veces..., bueno, del siglo dieciveintimasomeno, pero principalmente por culpa de algunos peronistas como el del comienzo del párrafo, los Habitués se autotitulan con orgullo como anarco-peronistas, creyendo que con eso explican algo a estas alturas, y sin caer en la cuenta, o quizás todo lo contrario, del sinsentido que aquello representa. Otras veces, es medio según el día, o la humedad, se presentan como peronistas de Agustín Tosco, y a ver quién se atreve a matarles el punto. Ya que, peronistas trasnochados, de la primera hora… del día, cuando se van a dormir, si es que duermen, y de los tiempos, porfían que el peronismo existía aún antes de que naciera el mismísimo Pocho, por lo que el famoso general vendría a ser algo así como la encarnación mortal, una entre tantas, de una fuerza cósmico-telúrica de raíz inmemorial y profunda, a la sazón morena, americana y quilombera. Pa’ mí que un poco exageran, pero bueno, qué querés, son cantores…

Así que dicen sin pudor que San Martín y Belgrano eran peronistas, Artigas y Andresito peronistas de pura cepa, Moreno, aunque un poco jacobino, también, Martín Fierro y Juan Moreyra, el Chacho Peñaloza, etc., sin ir más lejos. Bolívar, Camilo Cienfuegos y Gardel, por citar al tuntún, también caen en la volteada, y a la hora en que las botellas de vino se amontonan sobre la mesa Platón y Aristóteles, aunque medio peleaus entre sí, también son, por supuesto, filósofos peronistas. Y el Flaco, claro, Jesucristo. Y Judas también, quéselevacer. Las evidencias, según ellos, son abrumadoras. Y Eva, claro, la capitana, la más peronista de todas, de lo que fácilmente se deduce que Adán también lo era, así que imaginate.

Más acá de estas incongruentes definiciones es claro que los Habitués gustan de discutir de política, apasionada y acaloradamente, y aunque como se ha visto se resisten a ponerse cualquier camiseta más o menos ceñida, enseguida toman (algún) partido. Más de una vez han llegado al borde de recontrarrecagarse a piñas ahí en el bar por un quítame de ahí esas pajas, sutilezas ideológicas, dicen, aunque hay que decir que las más de las veces las razones son totalmente incomprensibles (para ellos mismos, a mí no me engañan). Todo sea para defender el honor, de paso ganar la discusión, si pueden, y dejar bien en claro que saben poner el pecho si hay que defender una causa. Sea ésta cual fuere, claro está, que es lo de menos. Aunque ojo, siempre, siempre de este lado de la vereda.

(Continuará…)

Imprimir entrada