11.9.09

laniñezdeamorunteeeeemplooo

 

ien-su-pe-cho
laaaniñezdeamorunteeeeemplo
tehalevantado
ienelsiguesvivieendo

ial-lati-ir
sucorazónvarepitieeendo
honorigratitud
algransarmie-en-to

Gloooriaailooor
hooonrasinpaaar
paraelgraaandentrelosgra-an-des
padredelaaaula
sarmientooinmortaaal


¡Qué hijosdeputa! Ay, ay, ay, m'hijito, qué país éste... ¡Qué bárbaro!

Creo que además de ser uno de los himnos más espantosamente horrendos que nos enseñaban en la escuela, nos veíamos obligados a cantarlo para homenajear a un señor, a este señor, que nunca, nunca pero nunca faltaba a clase, razón de peso para que YA esos cientos de pequeños querubines formados (¡formados!) ahí en el patio, ah, blancas palomitas, empezáramos a odiarlo oscuramente.

Ya de más grandes, y al acceder a otras lecturas, entendimos que estábamos equivocados. En eso de faltar a la escuela, digo. En odiarlo ni por putas, estábamos a-cer-ta-dí-si-mos. Mecachendié con nuestros "próceres"... Cito:

"La clase decente forma la democracia, ella gobierna y ella legisla. (...) Cuando decimos pueblo entendemos los notables, activos, inteligentes: clase gobernante.
Somos gentes decentes. Patricios a cuya clase pertenecemos nosotros, pues, no ha de verse en nuestra Cámara ni gauchos, ni negros, ni pobres. Somos la gente decente, es decir patriota. (...) Las masas populares cuando llegan al poder establecen la igualdad por las patas, el cordel nivelador se pone a la altura de la plebe y !ay de las que lo excedan de una línea!
El ejercicio de la soberanía popular traería como consecuencia la elevación de un caudillo, que representa en todos sus instintos la mayoría numérica en despecho de la minoría ilustrada (...)."

Sabemos que no está bien, sería una torpeza, digamos, medir un siglo y a sus hombres y mujeres con la vara de otro. Pero las ideas de estos muchachos persisten. Persisten en su desprecio. Y temen. Y odian. Civilización y barbarie: gente "decente" que clama por la pena de muerte para los "delincuentes" (que a esta altura es lo mismo que decir "negro" o "villero"), por ejemplo, y por no citar otros, igual de bajos, igual de tristes.


Así que flaco favor le hacemos a nuestros maestros teniéndolos que saludar el 11 de septiembre. No se lo merecen, digo yo.

Los Habitués, entonces, prefieren saludar con orgullo, porque sí y cuando se les da la gana, a todos los maestros y maestras (no hay profesión, vocación, más linda), tantos y tantas que se pelan la voz, la garganta, el corazón, todos los días en las aulas, en las ciudades, en los pueblos allá lejos, pa' hacer de este ispa, en los pibes de este ispa, uno mejor y más lindo, más propio, más cariñoso y solidario, más inteligente, con más y mejor conciencia, más justo, y más libre. Como CARLOS FUENTEALBA, por ejemplo.


¡Salute, maestros (nunca mejor usado este adjetivo)!

Y de paso, pa' que se embronque "el padre del aula", levantamos la copa a la salud del General Quiroga, qué tanto.

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