25.9.09

la piedra de la locura...

Qué peligro llegar tan hondo. Si sólo hay palabras y las palabras nombran el mundo...

¿de qué murió Alejandra Pizarnik?
dirán:
de poesía.



Tiempo
A Olga Orozco

Yo no sé de la infancia
más que un miedo luminoso
y una mano que me arrastra
a mi otra orilla.

Mi infancia y su perfume
a pájaro acariciado.

Signos

Todo hace el amor con el silencio.
Me habían prometido un silencio como un fuego, una casa de silencio.
De pronto el templo es un circo y la luz un tambor.



La última inocencia

Partir
en cuerpo y alma
partir.

Partir
deshacerse de las miradas
piedras opresoras
que duermen en la garganta.

He de partir
no más inercia bajo el sol
no más sangre anonadada
no más fila para morir.

He de partir

Pero arremete ¡viajera!


Los Habitués, si en algo creen, es en los poetas. La poesía duele. Y quema. Con eso ya alcanza para ganarse, por lo menos, nuestros respetos, ya que, como para todos los asuntos delicados, se necesita de un corazón taura y valiente, y un alma extensa.

Además, duro oficio el de lidiar con las palabras, pobrecitas, que parecen explicar todo y, en realidad, no explican nada. Pero alumbran, y abren puertas. Y los poetas, sin querer, seguro sin querer, alumbran, las alumbran, y las paren, y descubren, ahondan, se desvelan, donde sólo hay ceniza a veces amanece y cantan pájaros, hacen música, te despeinan, se ahogan, se matan. Te matan. Y sólo con palabras. Nada más, sólo palabras.

Pocos oficios tan bellos, y tan difíciles... llegar con las palabras al lugar donde, justamente, celo y cielo de los artistas, el arte mismo, sobran las palabras.

Alejandra, nuestra admiración de poetas rantes; nuestro silencio, sus palabras; nuestro humilde homenaje. ¡Salú!

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