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2.2.26
P.E.B.E.T.A.
29.1.26
Enero
21.1.26
14.1.26
13.1.26
12.1.26
11.1.26
Nimias conspiraciones
Una de las más vistosas, digamos, y por qué no,
imaginativas, fue la que unió a Los Habitués —creo que ya lo habíamos comentado— con la idea de una organización clandestina, una suerte de sociedad
secreta al estilo de los Illuminati, cuyos inconfesables, malvados y
maquiavélicos designios incluían, entre otros, tomar el control del mundo, lavarle
el cerebro a todo ñato, y rezarle a dios Momo versitos profanos.
Según esta teoría, hasta se atreven a decir —¡ah, voto a
Momo, intolerable infamia!— que nos pintamos la cara para ocultar nuestra
identidá de conjurados, y que como a Clarquent, aunque tengamos la misma jeta
de siempre, nadie nos reconozca…
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| Billete de un dólar de edición limitada: Novus Ordo Murgorum |
Y uno, que busca lleno de esperanzas el camino que los sueños prometieron a sus ansias, y que además, tiene infinita paciencia ante la montaña de pavadas que a veces diluvia… Bueno, ¿saben qué?, ya me cansé: TIENEN RAZÓN.
Me cachaste, nos cacharon; así que, compañeros, compañeras, ¡a la voz de aura!, a salir del clóset, roperito, placarcito o lo que tenga usté en la pieza, y a terminar con esta farsa. ¡A ver esas banderas, caramba!
Tan berreta es este mundo, tan horribles los "líderes" que lo lideran que sí, ¡qué tanto! Lo digo de vuelta: ¡TIE-NEN-RA-ZÓN!
Sí, señor, sí, señorita: Así como usté la ve a esta patota rante —todos modositos, simpáticos y con cara de yo no fui—, todo, pero absolutamente todo —cada movimiento habitué, cada acción y cada inacción (más lo segundo que lo primero), cada cantarola— es un calculado y calibrado acto de su voluntad para llegar al objetivo que una noche terrible se juramentaron cumplir.
¡Sí, es así! Cada damajuana
comprada y vendida lleva mensajes, cada palabra es una cifra, o una cita; contraseña. Cada nota cantada es una clave. Así como le digo, todo pensamiento y visualización
energética de la que esta patota rante es capaz está orientada, sí, ¡¡¡A LA
TOMA DEL PODER!!! ¡¡¡MUEEJEJEJEJE!!!
—¡Pare un poco, exagerau! Parece Alejandro Dumas con tanto
drama… Empecemos por el empiezo: ¿de qué poder me habla?
Del Poder, papá, del P-O-D-E-R. Visualice: Tener la sartén por el mango, ¿se da cuenta?, cortar el bacalao. Ser, ¡al fin!, los dueños de todas las pelotas de este mundo… Capisce?
—Ajá…, ta bien. ¿Y para qué?
Para qué… Caramba… Estemmm… Bueno, acá nos volvió a cachar,
porque es ahí donde la cosa se pone un poco más peliaguda. Pero nimporta,
eso después lo vamos viendo.
Por lo pronto, el estatuto secreto habitué contempla —para
cuando se dea de detentar el control del orbe todo—, lo siguiente:
"Art. 1.°: Declarar obligatorio que se cante en las esquinas, y poblar de
corsos subversivos, desaforados, todas las callecitas del suelo patrio, y por
qué no del mundo entero, ya que estamos".
Los artículos que siguen los omitimos por razones de… defensa propia. La verdá no se entiende muy bien lo que quisieron dejar plasmado los muchachos en esta suerte de Plan de Operaciones: hay quien dice que no se ponían de acuerdo, otros, que a las altísimas horas en que lo escribieron, ya ni ellos sabían qué corno querían decir. "Poner a Discepolín de presidente", "decretar el Feriado, Universal y Eterno, de Carnaval"... En fin.
No se la
voy a hacer mucho más larga, que ya viene lunga: este plan, básicamente,
concebía la idea de infiltrarnos entre las élites dirigenciales de cualquier
tipo y color del mundo —profesionales, religiosas y políticas, financieras, de la cultura y
el deporte, de la vagancia—, para de esta manera ir ocupando lugares clave y
convertirnos, sin que nadie sospeche, en líderes mundiales, influencers, en los grandes
titiriteros de la política y la economía global, y extender así nuestro dominio,
secreto pero benéfico, por sobre todo el universo.
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| El Poder detrás del Trono (Fotografía: Isabel Amaretto) |
De más está decir que, por ahora, los poderosos del mundo no
nos dan bolilla —casi nadie, la verdá—, y para ser honestos, debemos aclarar
que nuestra influencia sobre el devenir planetario viene siendo, como usted mismo
comprobará, más bien modesta: Patero dice que viene logrando que unos muchachones
lo ayuden a cortar el pasto de vez en cuando; Pascualón, y valga la afinidad étnica,
informó que logró que le fíen en el chino de su barrio; Bieckert, que armó una
bandita pa’ jugar con agua en la vedera…
No importa; por suerte, la modestia es una de las virtudes
que adornan a la muchachada habitué, y si hay que hacerse de abajo y meter las
patas en el barro, manos, y patas, a la obra.
Así que insisten, persisten y no cejan: aunque todavía
tarde, aunque falten eones, siguen y seguirán trabajando por un domún que se
parezca un poco más al de sus sueños: un lugar donde no importe mucho la
biyuya, y donde amar y reír sea preferible a cualquier cosa. Y, por sobre todo, un
mundo donde a nadie le sobre, y a nadie le falte.
Así que, como en esta ya nos descubrieron —y a no
lamentarse, de seguro alguna otra se nos va a ocurrir—, a seguir laburando,
muchachos, muchachas y muchaches, que hay que hacer la diferencia.
Qué sé yo, no sé: pa’ que valga la pena. Digo, ¿no?
¡Salú!
10.1.26
9.1.26
Contraseñas
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| (Fotografía: Manuel Flores) |
8.1.26
7.1.26
Cosas raras: Portales
Un programa secreto del gobierno yanqui que le caga la vida a la gente
—¡oh, sorpresa!— y —¡oh, qué milagro!— rusos.
Un mundo en espejo y una mente-colmena; güocman, pop, niúgüeiv y jevimetal; mostros con cabeza 'e flor bastante fulería, y una protagonista —simpatiquísima—, con un poder mental de la san flauta, que tiene el nombre de un barrio porteño muy concurrido a la hora de comprar mucho y barato (en otras épocas; ya nadie compra ni mucho ni barato en ningún lado).
Sí, con les hijes de Humber y Nino, de Pepe y Kike, nos estamos
comiendo-los-codos con la quinta temporada de la serie esta de los pibis
encantadores que pelean en los 80 —¡ah, éxtasis!, ¡época
dorada de la infancia habitué!— con un fulano algo difícil de entender, pero más malo que la miércoles.
“¿Y qué corno tiene que ver?”, dirá usté. Tiene MUCHO que ver. Porque de
un tiempo a esta parte, y desde que se empezó a hablar de la vuelta de esta
patota rante, me vengo enterando de que cosas extrañas, cosas raras —en una
palabra, y se lo digo así en criollo para que me entienda—, estreinyercings,
vienen ocurriendo en la dimensión habitué. Algo se agita, titila, relumbra. Y
si no, vea:
¿Vio qué linda? No me diga que no es una preciosidá, pero... ¿Dónde se encuentra?, ¿qué se esconde detrás de este… objeto, a todas luces, formidable?
Por más que insista, nunca revelaré la dirección. Pero digamos que
llegando al final de una callecita santa, y casi chocando con la vía, por ahí
por Villa del Parque, hay un lugar donde la barra, contraseña secreta mediante
(una pasgüor; se lo digo así, en criollo, para que me entienda), ensaya, se
encuentra, delira y transpone, invierte y subvierte el espacio-tiempo.
Porque, aunque parezca una puerta —y, valga su perspicacia, digamos que
sí, una puerta es, pero no, no se confíe; en la dimensión habitué nada es lo
que parece—. Como venía diciendo entonces, esto que parece una puerta, no lo es
en realidá: es un Zorzal.
Perdón, es la costumbre. Voy de nuevo: Es un portal.
“¿¡Un portal!? Demasiadas series, chochamus". Y sí, ¿qué me cuenta? Si
de la serie ya hablamos… Entonces, un portal, le decía. ¿Me sigue? Bueno, veo que me sigue.
Guarda entonces, venga: Un pasaje misterioso y mágico, con entradas y salidas escuendidas por ahí, donde la militancia habitué entra en Villa del Parque y sale en Parque Chas —hablando de rusos, en la calle Moscú, pa' más datos—. Entra en Liniers por Barragán en un año cualquiera y sale en 2009 por la Chacrita de los Colegiales, en la antigua calle Fraga, donde fuimos felices. O en la fantástica Bilbao de los bulevares, o en 426, Ciudad Campana, con calles que se llaman como números; o patean por la calle de los Zelarrayanes, y aterrizan en calles con nombre de fruta o de pertrechos de guerra...
Claves: Cinco cuatro cuatro. Esto lo están tocando mañana. Sin repetir y
sin soplar.
Porque, si Villa Crespo, Almagro, aquel verano y ese invierno, ayer nomás los verán cantando tangos en Boedo. Doblan por Retiro; redoblan. Tortuguitas, Pergamino, su ruta, Berazategui, el Barrio Norte; Gran Paternal, el mapa de sus cuitas, Villa del Parque, Villa Santa Rita, Villa Mitre, Agronomía. Villa Ortúzar y un pasaje, y otro y otro; los lobos, la calle del Gavilán...
Aquí, allá y en todas partes: Adrogué y el Villa Luro; allá van; el
trocén, Plaza de Mayo, el Obelisco. Vienen. Titanes y los Jack; Patoruzú y la
Condorito; la globa milagrosa, Warnes, Cruce Varela; dos cuarenta dos ocho
siete nueve.
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| Portales habitués |
Viajan. Continuidad de los parques: De los Patricios, el Chacabuco, Avellaneda, el Centenario. ¿Magariños o Cervantes? Barracas, La Boca, al fin la murga, la placita y el playón. Un Primero de Mayo etéreo, rotundo, sin final. Cifras: 3857. Villa Caraza y todo el cielo, Pompeya y más allá la inundación. El Sur… ¿Era Chile ochenta y cuatro…? ¿Te acordás o…?
Corren, cantan, ríen, lloran; cuentan cuatro y ahí nomás se largan; afiebrados, arrebatados, con resaca; esperan, siempre esperan, combaten en el tiempo y en el aire: se marean.
Cansados, en éxtasis, felices. Refulgen en el fragor de la infancia, entre
gomeras, balines y cebitas, naranjas y gambetas; respirar igual a resistir,
dictaduras y una guerra; sí, señor, silencio por nuestros muertos, bombos y
banderas.
Sueñan, mientras cantan con toda el alma; silban; bebiendo con sed oceánica las
traslúcidas y tenues, potentes, tan potentes, luces de las vidas futuras,
pasadas, habidas y por haber, que fueyserá, o no serán nunca…
Y hoy crían a sus hijes como a flores...
“… Apagá la tele”, sentí que decía una voz más o menos familiar. E
inmediatamente, el sacudón: “¡Euh!, Flores, ¡despiertesé! Cebale un mate pa' que espabile. ¡Eh,
arriba, Flores, que se hace tarde!”. Abrí un ojo…
… La puerta del bulín, brillaba. Y ni le digo la sonrisa de la barra.
¡Salú!
6.1.26
5.1.26
Ciber(Gar)delito
4.1.26
3.1.26
2.1.26
Anonimatos
1.1.26
Patriada habitué
31.12.25
Entremés: mitologías
30.12.25
21.12.25
Integilensia Abitué
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| Inteligencia Abitué (Fotografía: Irene Amber) |
19.12.25
Avistamientos
Siguiendo un poco la línea argumental de la crónica anterior, voy a referir una cosa que me pasó, y después me cuenta.
Estaba yo una noche en un boliche divino de poetas y decidores al que muy gentilmente me habían invitado —de ahí por calle Castro Barros—, y, como le decía, ahí estábamos tan ricamente con Carcassone y Crespi (que no me van a dejar mentir), y no va que de repente escucho:
—¡Nah... No me vengas c...! Que los habitués de aquí, y que los habitués de allá, y que patatín y que patatán... Los Habitués son un mito urbano —sentí que le decía un coso a una naifa, así, por lo bajini.
¡Se lo juro por mi vieja! Y diga que no quise darme vuelta para no armar quilombo, pero tenía como erizados los pelitos de la nuca ante tamaña y supina demostración de traicionera y, claro está, supina incredulidá..., ¡habrase visto, mecachendié!
Esa noche —e-sa-no-che— me despedí medio de apuro y me juí pa' las casas rumiando bilis. A la mañana siguiente, me desperté sobresaltado pero con una claridá —¡sí, dígalo usté, digaló!— supina: Era la voz de la verdá la que hablaba por la boca de aquel cusifai enamorado.
Porque, vea: para la juventud de hoy día —para los menores de sesenta, setenta, digamos—, Los Habitués no son más que una lejana noción de épocas doradas, nocturnas, gloriosas..., y pare de contar, no hay mucho más. Hay un lonplei, dicen que se dice, y siempre hay alguno que dice que lo tiene —pero no lo muestra—, y eso es más o menos todo.
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| V.O.N.D.I. (Berazategui, ca. 1952) |
Por ejemplo, sin ir más lejos: La tía de la cuñada de mi prima segunda la de Caseros, dice que los vió, como teloneros de una banda de cumbia en un acto escolar en Soldati, allá por el... Bueno, el año no se acuerda, pero cuando era chica. O sea que calculando a ojo la edad de esta tía, hace por lo menos, exactamente, como un montón.
En sentido inverso, familiar y geográfico, la prima segunda de la cuñada de mi tía la de Banfield dice que no los vió, pero que los oyó llegando de madrugada a un boliche de Quilmes. Dice que escuchó: "¡Ahí vienen Los Habitués!", y en plan beatlemanía, gente que gritaba. Si se la apura un poco, también reconoce que es verdad que pudo haber oído "ahí viene, te veo después", "pa’ mí tiene cara ‘e pez", o incluso "ahí, dale, lavate bien los pies".
—¡Seee... Los Habitués...! ¿Era un equipo de fútbol de la tercera, no? —le chantaron la otra tarde a Norton en un corralón.
Por el contrario, en el ambiente murguero, en cuyo seno se dieron la mayoría de las aventuras de esta barra arrabalera y cantora, cada vez que se los menta es de rigor poner cara de entendidos, asentir muy-len-ta-men-te —psss... Los Habitués, claro—, y en silencio mirarse de reojo a ver si alguno tira algún dato más específico, y lograr pescar de quién cornos se estaría hablando.
En fin. Cuentos de aparecidos, avistamientos, de ovnis o nahuelitos, sectas satánicas, dipgüeb... Cosas vederes, Sancho, que non crederes.
En resumen, Los Habitués, un mito, no son. Lamentablemente, me consta: de aquí los estoy viendo —en este exacto momento me están morfando las empanadas—, y por lo que parece, por el qué dirán, por el momento, ni se inmutan.
Con las patitas frescas en la Pelopincho, ensayan algún que otro tanguito, un rocanrol, mientras sueñan con gloriosas gestas, con retornar algún día en un famoso avión negro pa' devolverle a su amado pueblo la justicia, la dignidá, y por qué no, la alegría de vivir sin sufrimientos, que los garcas de este mundo, so pena de modernización y en nombre de la libertá, pugnan por birlarnos.
Señor, señorita, para ir cerrando: Los Habitués… Porque… ¿Usté sabe de quién le estoy hablando, no?
¡Ah…! ¿No?, ¿ni idea? ¿Los Habitués, tango y murga fueyserá? Una patota rante en el combate p... ¿No?, ¿tampoco?
Mecachendié.
¡Salú!




















