2.12.10

perlitas del once (1)

El barrio de Once, barrio bravo y taura, picante si los hay, tiene, guarda, una perla. Ahí, enfrente de la Plaza Miserere, u 11 de Septiembre, diariamente trajinada por laburantes de paso hacia algún otro cielo mejor o infierno peor, parada de trasbordo, mujeres y hombres de la vida, buscavidas de toda laya, rochos, curdas, los pibes de la gorra y la gorra, esa la de la línea A y la misteriosa H, donde la mugre, la luna pastosa y el apuro se entremezclan en ritmo de birra y cumbia, ahí, ahí nomás está La Perla.

Si hubiera o hubiese algún lector despistado que todavía no sabe de qué se trata este cacho fundamental de historia nuestra, le cuento:


En esa esquina, la de Rivadavia y Jujuy mano al centro, en diagonal justo enfrente de la plaza, a finales de la década del 60 se alzaba (bah, igual que ahora) el bar y pizzería La Perla. Un bar como cualquier otro, o incluso peor, con una innegable virtud: no cerraba de noche. Razón por la cual la pendejada bohemia que venía de La Cueva de Pasarotus, un antro jazzero con aires y (des)peinados nuevos ahí por Pueyrredón al 1700, terminaba de amanecer para morir en las mesas del fondo, naufragando solos y tristes en un mundo de mierda ("abandonado" traducirá el Sr. Tijeras), escapándole a la yuta que insistía que el pelo corto era más limpio y más sano, con la cabeza volada por los Beatles, Bob Dylan, el blus y Jimmy Hendrix, las pastas y la zapán que aúlla (aterrados con la idea de conseguir un empleo "normal"....).


En esa realidad irreal, en plena dictadura, con la música de fondo de los niños buenos del Club del Clan y los giles que cantaban en inglé, en el medio del vacío terrible que dejaba el tango, testimonio antiguo de una otra ciudad que ya no era y que cambiaba vertiginosamente -mientras que, al mismo tiempo, miles de pibes se elegían peronistas o guevaristas y se volcaban a la revolución social-, estos otros pibes plantaron la semilla de, quizás, alguna otra revolución,  a través de una música visceral y rebelde, pacifista y existencial, y, acá está la papa, en castellano.


Tanguito, el rosarino Litto Nebbia con Los Gatos, Los Beatniks de un tal Moris, Javier Martínez y Manal, Miguel Abuelo, Pappo, Pajarito Zaguri, Almendra del flaco Spinetta allá por el Bajo Belgrano, los pibes de Vox Dei en el sur, en Quilmes, algún que otro poeta, en fin... un grupo de enfermos de la cabeza que alumbraron sin querer o quizás queriendo lo que, después, habría de llamarse música progresiva y, después de después, rock nacional.

Y viene a resultar que en el baño de La Perla, en la madrugada del 2 de mayo, día de mi onomástico, para más datos, pero de 1967, Tanguito y Litto Nebbia compusieron La Balsa...

Tenga la amabilidad de pasar... a la crónica siguiente.

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