Un programa secreto del gobierno yanqui que le caga la vida a la gente
—¡oh, sorpresa!— y —¡oh, qué milagro!— rusos.
Un mundo en espejo y una mente-colmena; güocman, pop, niúgüeiv y jevimetal; mostros con cabeza 'e flor bastante fulería, y una protagonista —simpatiquísima—, con un poder mental de la san flauta, que tiene el nombre de un barrio porteño muy concurrido a la hora de comprar mucho y barato (en otras épocas; ya nadie compra ni mucho ni barato en ningún lado).
Sí, con les hijes de Humber y Nino, de Pepe y Kike, nos estamos
comiendo-los-codos con la quinta temporada de la serie esta de los pibis
encantadores que pelean en los 80 —¡ah, éxtasis!, ¡época
dorada de la infancia habitué!— con un fulano algo difícil de entender, pero más malo que la miércoles.
“¿Y qué corno tiene que ver?”, dirá usté. Tiene MUCHO que ver. Porque de
un tiempo a esta parte, y desde que se empezó a hablar de la vuelta de esta
patota rante, me vengo enterando de que cosas extrañas, cosas raras —en una
palabra, y se lo digo así en criollo para que me entienda—, estreinyercings,
vienen ocurriendo en la dimensión habitué. Algo se agita, titila, relumbra. Y
si no, vea:
¿Vio qué linda? No me diga que no es una preciosidá, pero... ¿Dónde se encuentra?, ¿qué se esconde detrás de este… objeto, a todas luces, formidable?
Por más que insista, nunca revelaré la dirección. Pero digamos que
llegando al final de una callecita santa, y casi chocando con la vía, por ahí
por Villa del Parque, hay un lugar donde la barra, contraseña secreta mediante
(una pasgüor; se lo digo así, en criollo, para que me entienda), ensaya, se
encuentra, delira y transpone, invierte y subvierte el espacio-tiempo.
Porque, aunque parezca una puerta —y, valga su perspicacia, digamos que
sí, una puerta es, pero no, no se confíe; en la dimensión habitué nada es lo
que parece—. Como venía diciendo entonces, esto que parece una puerta, no lo es
en realidá: es un Zorzal.
Perdón, es la costumbre. Voy de nuevo: Es un portal.
“¿¡Un portal!? Demasiadas series, chochamus". Y sí, ¿qué me cuenta? Si
de la serie ya hablamos… Entonces, un portal, le decía. ¿Me sigue? Bueno, veo que me sigue.
Guarda entonces, venga: Un pasaje misterioso y mágico, con entradas y salidas escuendidas por ahí, donde la militancia habitué entra en Villa del Parque y sale en Parque Chas —hablando de rusos, en la calle Moscú, pa' más datos—. Entra en Liniers por Barragán en un año cualquiera y sale en 2009 por la Chacrita de los Colegiales, en la antigua calle Fraga, donde fuimos felices. O en la fantástica Bilbao de los bulevares, o en 426, Ciudad Campana, con calles que se llaman como números; o patean por la calle de los Zelarrayanes, y aterrizan en calles con nombre de fruta o de pertrechos de guerra...
Claves: Cinco cuatro cuatro. Esto lo están tocando mañana. Sin repetir y
sin soplar.
Porque, si Villa Crespo, Almagro, aquel verano y ese invierno, ayer nomás los verán cantando tangos en Boedo. Doblan por Retiro; redoblan. Tortuguitas, Pergamino, su ruta, Berazategui, el Barrio Norte; Gran Paternal, el mapa de sus cuitas, Villa del Parque, Villa Santa Rita, Villa Mitre, Agronomía. Villa Ortúzar y un pasaje, y otro y otro; los lobos, la calle del Gavilán...
Aquí, allá y en todas partes: Adrogué y el Villa Luro; allá van; el
trocén, Plaza de Mayo, el Obelisco. Vienen. Titanes y los Jack; Patoruzú y la
Condorito; la globa milagrosa, Warnes, Cruce Varela; dos cuarenta dos ocho
siete nueve.
![]() |
| Portales habitués |
Viajan. Continuidad de los parques: De los Patricios, el Chacabuco, Avellaneda, el Centenario. ¿Magariños o Cervantes? Barracas, La Boca, al fin la murga, la placita y el playón. Un Primero de Mayo etéreo, rotundo, sin final. Cifras: 3857. Villa Caraza y todo el cielo, Pompeya y más allá la inundación. El Sur… ¿Era Chile ochenta y cuatro…? ¿Te acordás o…?
Corren, cantan, ríen, lloran; cuentan cuatro y ahí nomás se largan; afiebrados, arrebatados, con resaca; esperan, siempre esperan, combaten en el tiempo y en el aire: se marean.
Cansados, en éxtasis, felices. Refulgen en el fragor de la infancia, entre
gomeras, balines y cebitas, naranjas y gambetas; respirar igual a resistir,
dictaduras y una guerra; sí, señor, silencio por nuestros muertos, bombos y
banderas.
Sueñan, mientras cantan con toda el alma; silban; bebiendo con sed oceánica las
traslúcidas y tenues, potentes, tan potentes, luces de las vidas futuras,
pasadas, habidas y por haber, que fueyserá, o no serán nunca…
Y hoy crían a sus hijes como a flores...
“… Apagá la tele”, sentí que decía una voz más o menos familiar. E
inmediatamente, el sacudón: “¡Euh!, Flores, ¡despiertesé! Cebale un mate pa' que espabile. ¡Eh,
arriba, Flores, que se hace tarde!”. Abrí un ojo…
… La puerta del bulín, brillaba. Y ni le digo la sonrisa de la barra.
¡Salú!




No hay comentarios. :
Publicar un comentario