11.7.11

arrabal amargo

Arrabal amargo
metido en mi vida,
como la condena
de una maldición.

Sería pa' reirse, mire, si no fuera tanto pa' llorar. ¿Usté lo vio ayer, lo escuchó? ¿Escuchó, realmente escuchó, las pavadas que dice? ¿Lo vio bailar, hacer como que cantaba y emular un riff de guitarra rockera en una cumbia? Digamé entonces, sinceramente, ¿no le parece un tanto impresentable, un triste pelafustán, nene de mamá? ¡Ah! Sí le parece... ¿Y entonces?... ¿por qué lo votó?
¿O será quizás que los pelafustanes, Mano Blanca, Porteñito, somos nosotros?


¡Ay, ay, ay, mi barrio! Mi Buenos Aires querido, la que nos espera en estos cuatro años...

En fin, la batalla no está perdida todavía, aunque se me hace que viene (y ojalá me equivoque) medio cuesta arriba remontarla. Así que a meterle, compañero, y a sumar voluntades, que Buenos Aires, su gente, pero sobre todo aquellos que la ven de afuera, los que "sobran", los que nunca estarán invitados a esa fiesta tan pro más que para servir las bandejas, se merecen otra cosa.

Les dejamos un tanguito para cortarse un rato las venas en la voz del Zorzal, pero con alguito de esperanza en la segunda vuelta:

Y cómo de nuevo
alivia sus penas
vestido de fiesta
mi viejo arrabal.

¡Salú, conciudadanos!



PD: ¡Ah!... Y, Mauri, Gilda es nuestra, ¿'tamos?

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