26.7.11

una de terror

Había una vez, en un país muy, muy lejano pero no tanto, al que sus pobladores llamaron en tiempos remotos Lac-Aba, un príncipe aterrador.

Su padre, Carl Ossa Ul, otrora poderoso y hoy senil príncipe turco nacido en los míticos valles de Lar Ioj-a, junto a su madre, Domin Göcav-Allo, de la que ya nadie se acuerda mas pervive acechante en los cuartos oscuros, dieron a luz a la criatura, que pronto habría de convertirse en un mito pesadillesco para los progres habitantes de Lac-Aba.

El espantoso gobierno del matrimonio dejó a los fértiles valles de Lac-Aba y sus alrededores convertidos en un páramo. Violencia, impunidad, pueblos vacíos y abandonados; vides, hombres y jumentos sin trabajo; las tierras de labranza corruptas e infectas de espantosos gusanos que devoraron la fe y la conciencia social... Y la memoria. Nadie recuerda ya aquellos años malditos en los que el neoliberalismo (así denominaron los sabios aquella pérfida fe) destruyó hasta los cimientos aquel otrora pujante pueblo...


Tanto así que hoy su vástago, Maür I, de estirpe mortal mas protegido por un oscuro manto de negra magia urdido por los dioses de Clar-In, continúa conduciendo con simpatiquísima mano de hierro, globos de colores y canciones de Qu-Een los destinos de aquellas infortunadas tierras abandonadas de Dios y en la que se pasean orondas legiones de horribles demonios: Duranbar-Bà, consejero implacable de estampa bonachona; Rodrig Eslä Reta, el de la ígnea calva y mirada enajenada que, cual Medusa, convierte a los mortales en pipiolos; Nicola Srrit Ondo, temible puntero de las huestes infernales en los parajes del sur; la alada y sensible Gab Imïch-Etti; la guardia blanca, aunque inútil y exonerada, la inefable Metropolitana, con sus represivas luces azules de discotec; los extrapartidarios amigotes pero demonios al fin Lilit A, el oráculo rubio y tostado, y el terrorífico Duh-Al Dë, el de la enorme cucusa... y, en fin, un sinfín de personajes, uno peor que el otro...

Científicos eslavos afirman que la actitud de piadosa tolerancia de los pobladores de Lac-Aba hacia su gobierno (al que estarían reeligiendo por cuatro años más) se debe a la ausencia total de sangre en las venas, cuestión ésta que confirmaría el origen demoníaco y vampiresco de esa casta gobernante. Otros, que el bilioso y hepático color amarillo que inunda la ciudad produce una suerte de hipnosis que induce al olvido y a la pérdida de discernimiento...


Qué quiere que le diga... Más allá de las razones, cada uno tendrá las suyas, pero yo estoy recontra-recagado en las patas. Cuatro años más, sospecho, pueden llegar a ser muy bravos. Así las cosas entonces, este domingo, iré a votar con una ristra de ajo al cuello cual bufanda, una cebolla arrojadiza por las dudas, una estaca en el bolsillo del lompa, un crucifijo en la derecha y en la izquierda la boleta Van Helsing-Filmus-Tomada a ver si cortamos la racha neo... perdón, naboliberal que azota Lac-Aba, y parece que, todavía, al ispa todo.

¿O será nomás que es inmortal? ¡¡¡Mamita!!!...

¡Salú!

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