31.12.25

Entremés: mitologías

Creo que esto en alguna parte ya lo contamos; pero no importa, nunca falta la ocasión para contarlo de nuevo: 

Rodolfo Pascualón, nuestro adorado e inefable Chino, vendría a ser, así como lo ve, el habitué primigenio. Sí, el original. 

Fundador y alma máter, Rodolfo posee el carnet de socio nro. 0000001, en virtud de haber sido el feliz poseedor del ya mítico número de teléfono que recibió A-QUE-LLA llamada, la que hubo de reunir, de una vez y para siemp... —mejor dicho, por lo menos hasta ahora—, a esta barra habitué, alegre y dicharachera. 

Así que si este coso fuera la Biblia, entonces, Pascualón vendría a ser Adán, creado por Momo a su imagen y semejanza —según esta teoría Momo vendría a tener la jeta del Chino—. 

Obras de restauración en capilla de Tortuguitas (Fotografía: Inés Anís)

Y Crespi, en su calidad de receptor del SE-GUN-DO llamado, vendría a ser Eva. El dire, siempre con pocas pulgas, reniega de esta metáfora, y dice que si tiene que ser Eva, él es Eva Perón, y que se vayan a laburar que se hace tarde.

El tercero en concordia, fue el Mago Cynar, que se nos fue pero aún nos guía. Y chin-pan-pún, ahí es que se armó la cosa: los demás cayeron más o menos todos juntos en montonera, salvo Carcassonne —que justo pasaba y hubo que invitarlo—, y el franchute, que andando por tierras aztecas cortejando a su pior es nada, cayó más tarde. 

Todo este largo entremés..., ya se me fue por las ramas. Porque en esta crónica no quería hacer un panegírico de nuestro líder espiritual, sino más bien casi todo lo contrario. Así como tampoco quería hacer la historia habitué (pero si este post llega al millón de likes antes de 2030, la próxima la cuento entera). 

Porque, vea, lo que sí quería contar es la crónica de una patriada que... ¿Qué de qué? Que empieza así: "Lo que nos hizo reír el Chino allá en Las Heras, no tiene nombre...". Bueno, en realidad nombre sí tiene: Rodolfo se llama, no sé si ya le dije. 

Pero, basta de palabreríos y agarresé; la historia es esta. Cambio de audio. Chau.

30.12.25

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Atierrizaje (Fotografía: Irma Aperol)

21.12.25

Integilensia Abitué

Usté está acostumbrado y ya lo sabe: como el derrotero mental de Los Habitués, gracias a Momo, no sigue una línea recta, estas crónicas tampoco. Cuestión que si le está costando seguir —o hasta encontrar— el hilo del asunto, es que, sencillamente, no lo tiene. 

No obstante, como-para-hilar-un-poco, y, ya que estamos, dar cuenta de algunas de las múltiples ocupaciones que ocuparon su ocupada existencia durante sus años de ausencia, lea esto que sigue. Dice así:

Sí, Los Habitués parece que viven en Babia, pero no. Es una pose, un personaje, según ellos, para pasar desapercibidos a la hora de cumplir misiones peliagudas. Y, de paso, para laburar poco.

No obstante, pose o personaje, de un tiempo a esta parte se vienen avivando de que anda pasando algo grande, y, cómo no, se dieron a la tarea de averiguarlo.

¿La técnica? Acodarse en cualquier mostrador, y, según ellos, fingiendo estar en Babia, lanzarle al primer coso que por ahí ande: ¿Y, qué me cuenta de... el asunto este? O "de... este asunto", asigún el énfasis que se le quiera dar al misterio.

Lo poco específico de la pregunta, y los infinitos delirios que fueron recibiendo por respuesta, los tuvieron desconcertados y absolutamente desorientados por un largo tiempo, hasta que un buen día, una moza de la "Imperio" de Chacarita, abatida repreguntó: 

—¿Usted me habla del asunto este de la IA?
—Sss... sí, sí..., claro, de la "ía" —respondió, cauto, pero con la respiración ya algo agitada, el habitué de referencia. 
—Ni me hable —zanjó la muchacha entre sollozos—. Un desastre... Mi marido se la pasa hablando de fútbol todo el día con... Esa... Bichi, le dice...

¡Eureka! ¡A la marosca! ¡Kikirikí! Era eso nomás: La IA. ¡La inteligencia artificial! ¡La artíficial intéliyens!, según le dijo la chica de la "Imperio".

Pronto se empaparon de los pormenores de la historia, y, extasiados, se pusieron a saltar en una pata: ¡tenían en sus manos LA HERRAMIENTA para moldear, en pos de una causa noble, las mentes, el pensamiento, el mismísimo futuro de la Humanidá!

Cuestión que decidieron meterse a explorar el "negocio", y como Crespi tiene una computadora en la casa —o por lo menos eso fue lo que nos dijo—, allá se fueron los muchachos. Los trece.

Resultó que sí, computadora tenía. Una Commodore 64, de 1990. Para que se haga una idea, una como esta, mire qué linda:


Pero bueno, en honor de la verdad, era una más bien parecida a esta otra:


Bueno, en realidad era esta. Pero esa no es la casa de Crespi, no se vaya a creer..., sino un cuchitril que alquila para algunos emprendimientos.

Inteligencia Abitué (Fotografía: Irene Amber)

Retomando: compu tenía, lo que no tenía era espacio. Así que algo amuchaditos, se pusieron manos, y dedos, a la obra. Después de estrujarse la sesera durante varios días, al fin la bautizaron: I A. Inteligencia Abitué. Tomá mate, ¿eh, qué tul?, ¿qué le parece?, una bomba, ¿no? ¿Qué me cuenta?

Primero, difundir el emprendimiento les costó un Perú, pero a la final convencieron a un par de vecinos que se bajaran la app (se escribe así, "app", con doble P de pap-a-rulo), y comenzaron a llegar los primeros requerimientos.

Por supuesto, demás está decir —y de seguro usté ya lo habrá adivinado—que detrás de todo el asunto no había ninguna inteligencia, ni artificial ni artesanal ni de ningún tipo, más que la de nuestros pobres y a esta altura algo exigidos intelectos.

Pero como algunos habitués se consideran brillantes —o por lo menos eso es lo que dicen los caraduras— dijeron: "Cuchame, somos trece, y trece cabezas piensan mejor que una". Y aunque usted no lo crea, también dijeron: "Y ponele la firma, de seguro abarcamos casi todo el saber del orbe, sindudamente". "Vamos a andar bien", dijeron. "Vamo'a andar", repitieron al final.

19.12.25

Avistamientos

¿Y, qué me cuenta? ¿Cómo le va con la calor? 

Siguiendo un poco la línea argumental de la crónica anterior, voy a referir una cosa que me pasó, y después me cuenta.

Estaba yo una noche en un boliche divino de poetas y decidores al que muy gentilmente me habían invitado —de ahí por calle Castro Barros—, y, como le decía, ahí estábamos tan ricamente con Carcassone (que no me va a dejar mentir), y no va que de repente escucho: 

—¡Nah... No me vengas c...! Que los habitués de aquí, y que los habitués de allá, y que patatín y que patatán... Los Habitués son un mito urbano —sentí que le decía un coso a una naifa, así, por lo bajini. 

¡Se lo juro por mi vieja! Y diga que no quise darme vuelta para no armar quilombo, pero tenía como erizados los pelitos de la nuca ante tamaña y supina demostración de traicionera y, claro está, supina incredulidá..., ¡habrase visto, mecachendié! 

Esa noche —e-sa-no-che— me despedí medio de apuro y me juí pa' las casas rumiando bilis. A la mañana siguiente, me desperté sobresaltado pero con una claridá —¡sí, dígalo usté, digaló!— supina: Era la voz de la verdá la que hablaba por la boca de aquel cusifai enamorado.
 
Porque, vea: para la juventud de hoy día —para los menores de sesenta, setenta, digamos—, Los Habitués no son más que una lejana noción de épocas doradas, nocturnas, gloriosas..., y pare de contar, no hay mucho más. Hay un lonplei, dicen que se dice, y siempre hay alguno que dice que lo tiene —pero no lo muestra—, y eso es más o menos todo. 

V.O.N.D.I. (Berazategui, ca. 1952)

Por ejemplo, sin ir más lejos: La tía de la cuñada de mi prima segunda la de Caseros, dice que los vió, como teloneros de una banda de cumbia en un acto escolar en Soldati, allá por el... Bueno, el año no se acuerda, pero cuando era chica. O sea que calculando a ojo la edad de esta tía, hace por lo menos, exactamente, como un montón. 

En sentido inverso, familiar y geográfico, la prima segunda de la cuñada de mi tía la de Banfield dice que no los vió, pero que los oyó llegando de madrugada a un boliche de Quilmes. Dice que escuchó: "¡Ahí vienen Los Habitués!", y en plan beatlemanía, gente que gritaba. Si se la apura un poco, también reconoce que es verdad que pudo haber oído "ahí viene, te veo después", "pa’ mí tiene cara ‘e pez", o incluso "ahí, dale, lavate bien los pies".

En resumidas cuentas, abundan testimonios frágiles y poco confiables que dan cuenta de la existencia de esta patota rante en el imaginario popular, mas no atinan a precisar algún dato un poco más certero. 

—¡Seee... Los Habitués...! ¿Era un equipo de fútbol de la tercera, no? —le chantaron la otra tarde a Norton en un corralón. 

Por el contrario, en el ambiente murguero, en cuyo seno se dieron la mayoría de las aventuras de esta barra arrabalera y cantora, cada vez que se los menta es de rigor poner cara de entendidos, asentir muy-len-ta-men-te y en silencio —Psss... Los Habitués, claro—, y de reojo mirarse entre sí a ver si alguno tira algún dato más específico, y lograr pescar de quién cornos se estaría hablando. 

El Monstruo del Lago (Parque Centenario, ca. 1947)

Un poco más allá o más acá, aquí o acullá, dicen que los vieron ayer mismo en Haedo. Dicen que los vieron hace poco en Sarandí. Dicen que se los sabe ver por el Gran Paternal guitarra al hombro, pasando raudos en bicicleta o comiendo un sánguche de parado en una esquina. Dicen que se avivan al toque si se los anda siguiendo, y al toque desaparecen en oscuros zaguanes, o se pierden zigzagueando entre los árboles de una plazoleta en penumbras. 

En fin. Cuentos de aparecidos, avistamientos, de ovnis o nahuelitos, sectas satánicas, dipgüeb... Cosas vederes, Sancho, que non crederes. 

En resumen, Los Habitués, un mito, no son. Lamentablemente, me consta: de aquí los estoy viendo —en este exacto momento me están morfando las empanadas—, y por lo que parece, por el qué dirán, por el momento, ni se inmutan. 

Con las patitas frescas en la Pelopincho, ensayan algún que otro tanguito, un rocanrol, mientras sueñan con gloriosas gestas, con retornar algún día en un famoso avión negro pa' devolverle a su amado pueblo la justicia, la dignidá, y por qué no, la alegría de vivir sin sufrimientos, que los garcas de este mundo, so pena de modernización y en nombre de la libertá, pugnan por birlarnos. 

Señor, señorita, para ir cerrando: Los Habitués… Porque… ¿Usté sabe de quién le estoy hablando, no? 

¡Ah…! ¿No?, ¿ni idea? ¿Los Habitués, tango y murga fueyserá? Una patota rante en el combate p... ¿No?, ¿tampoco? 

Mecachendié. 

¡Salú!

18.12.25

Volver: altarcitos peleadores


Altarcitos peleadores (fotografía: Inés Anís)


16.12.25

¿Que vuelven quiénes?

Bueno, el asunto es así: Los Habitués, tango y murga fueyserá; una patota rante, poética y musical en el combate popular —¡no tenés nombre, no tenés!—, sin dar demasiadas explicaciones dejaron de transitar, oficial y oficiosamente, los escenarios carnavaleros allá por el año 2016. Y salvo algunas esporádicas apariciones, nunca más se supo de ellos...

La verdad sea dicha, cosas pasaron; tantas y tan intensas, que no es este el lugar en donde habrán de ser dichas... Así y todo, el mundo siguió girando, pero... ¡Pero...! ¡Suspenso! 

De un tiempo a esta parte, un insistente runrún se ha ido instalando en las esquinas del  rioba, en las mesas de café, en las tribunas del estadio... Estos rumores —de origen indefinido, por cierto— han ido generando e instalando una suerte de ansiedá, un aire de desvelo, una inquietú: una ex-pec-ta-ti-va, digamos, que tiene en vilo y..., no sé, como incómoda a la purretada carnavalera. Rumores y más rumores: ¿vuelven Los Habitués?

—¿Cómo que vuelven?, ¿es que se habían ido a alguna parte...? —preguntan algunos despistados.

—¿Que vuelven quiénes? —preguntan otros, aún más despistados que los anteriores.

Aunque parezcan chiste, estas preguntas condensan dos grandes verdades: por un lado, la constatación de la existencia en el alma del barrio de una... ¿cómo decirlo...?, ¡abwesenheit!, al decir del Tincho, alemán el hombre; y por otro, y mal que le pese a la barra, que de esa au...sen...jait...delaspelotas casi nadie, en rigor, se había dado cuenta.

No obstante, hay mar de fondo, y entre la gente más avispada y que pareciera estar en el ajo, las versiones e hipótesis abundan, a cuál más descabelladas. A saber:

Unos sostienen que Los Habitués, percatados a tiempo de la profundización del derrotero derechoso-liberal que habría de tomar el ispa, se tomaron el piro en una especie de autoexilio forzoso, no sea cosa, y para evitarse el trago amargo.

Otros, que el "exilio" es profesional, y que después de mucho reflexionar, decidieron sincerarse y, por el bien de la Humanidá, dejar de cantar.

Los más dramáticos, sospechan que habrían pasado a una especie de clandestinidad preparatoria de andá a saber qué idea delirante, sin acertar a entrever ni explicarse para qué corno, pero que, conociéndolos, no les extraña.

Otros dan por sentado —sin haberlo pensado demasiado, la verdá, que esta gente, dado su prontuario y falta de ocupación conocida, de seguro está en cana.

También existe una corriente de opinión —que le gusta darse dique de científica—, según la cual, basándose en irrefutables indicios, Los Habitués, lisa y llanamente, se habrían extinguido. Y chaupinela.

Pascualón Vuelve (fotografía: Isabella Amaretto)

Por ahora, nada han dejado entrever sobre su futuro inmediato los protagonistas del asunto (si es que, por dió, se encuentran en alguna parte).

Mientras tanto, algunos abombados van diciendo por ahí que toda esta historia del runrún, de la vuelta al ruedo y la mar en coche, la echaron a rodar ellos mismos, es decir, Los Habitués, para, a falta de ideas artísticas mejores, hacerse los interesantes y hacerse convidar algún guisito, alguna grapa, en el fondín de turno.

Por supuesto, también están los que dicen que Los Habitués no existen, que nunca existieron, que son parte de una conspiración woke, que en realidad son los padres; dicen también que ser un esclavo del capitalismo financiero mundial es a lo que siempre aspiraron, que todo marcha de acuerdo al plan... Y que la Tierra es plana, ya que estamos. Pero, gracias a Momo, a todos estos alcanza con no darles bola. 

Pero bueno, qué sé yo…

¿En verdá la muchachada habrá de volver un día? ¿Se volverá a oír la suave y amorosa cadencia del tango y murga fueyserá por las callecitas del barrio? ¿Se volverán a oír versos de amor en locas murgas, en serenatas? ¿Habrá otra oportunidá para esta patota rante de volver a combatir a puro bombo con platillo y con canciones toda la fealdá, la obscenidad de la desigualdad y el privilegio, la estruendosa malicia de este mundo?

Por lo pronto, hay quienes encienden velitas de esperanza y se susurran pecho adentro: Ojalá que sea pronto, muchachxs, ojalá que sea pronto…

Ojalá.

¡Salú! 

23.11.25

Sucesos argentinos: Boletín habitué nro. 499





¡Salú!

18.11.25

¡Otra que el Cruce de los Andes...!






14.11.25

Volver: hallazgo


Hallazgo porteño (Fotografía: Irene Amber)

12.11.25

Vieja, mirá lo que salió en el diario...

"HALLAZGO EN BARRIO PORTEÑO REVELA ANTIGUA CULTURA ETÍLICO-SONORA 

BUENOS AIRES (VP), 7 de octubre de 2025: Excavaciones recientes en inmediaciones del barrio porteño de La Paternal, lograron dar con indicios de una antigua cultura aborigen, cuyo quehacer cultural dejó boquiabiertos a estudiosos y aficionados. 

Arqueólogos y antropólogos de todo el mundo acuden, curiosos, para estudiar el sorprendente hallazgo: restos de una grabación realizada por una afanosa y espirituosa tribu que, aparentemente, habitaba en una amplia zona cuyo epicentro podría establecerse en los actuales barrios de Villa del Parque-Villa Gral. Mitre, y que habría dado en llamarse, en su propia lengua, los avituéh. Según pudo reconstruirse, la grabación contendría dos de los cantos, aparentemente rituales, con los que este pueblo se solazaba invocando a sus jocosos dioses. 


Estudios con carbono-14 realizados sobre los restos encontrados, indican que tal acontecimiento habría tenido lugar alrededor del año 2018 d. C. Teniendo en cuenta que, aunque precaria, la tecnología de la época permitía la difusión de contenidos sonoros, los estudiosos se preguntan por qué extraña razón ese material no habría visto la luz en su momento.

¿Adelantados a su época, habrán decidido esperar a que la cultura de masas y el gusto popular alcanzaran el desarrollo y el refinamiento necesario para apreciar tan notoria producción artística? ¿Se habrán, sin más, olvidau? ¿El resultado habría sido tan defectuoso que aún lo están editando? 


Los estudiosos no se ponen de acuerdo, que para eso estudian. Por lo demás, los presuntos descendientes de aquellos Avituéh originarios toman mate en chancletas, y, con cara de traerse algo entre manos, no sueltan prenda."

¡¿Qué me contursi?!

Más informaciones en el próximo Boletín Tintín.

¡Salú!

Sucesos argentinos: Boletín habitué nro. 498



¡Salú!

CEREMONIA CAÍDA: Sábado 15 de noviembre



¡Salú!

29.3.25

13.3.25

3.3.25

NUEVAS FUNCIONES: MARZO

NUEVAS FUNCIONES: MARZO