Bueno, el asunto es así: Los Habitués, tango y murga fueyserá; una patota rante, poética y musical en el combate popular —¡no tenés nombre, no tenés!—, sin dar demasiadas explicaciones dejaron de transitar, oficial y oficiosamente, los escenarios carnavaleros allá por el año 2016. Y salvo algunas esporádicas apariciones, nunca más se supo de ellos...
La verdad sea dicha, cosas pasaron; tantas y tan intensas, que no es este el lugar en donde habrán de ser dichas... Así y todo, el mundo siguió girando, pero... ¡Pero...! ¡Suspenso!
De un tiempo a esta parte, un insistente runrún se ha ido instalando en las esquinas del rioba, en las mesas de café, en las tribunas del estadio... Estos rumores —de origen indefinido, por cierto— han ido generando e instalando una suerte de ansiedá, un aire de desvelo, una inquietú: una ex-pec-ta-ti-va, digamos, que tiene en vilo y..., no sé, como incómoda a la purretada carnavalera. Rumores y más rumores: ¿vuelven Los Habitués?
—¿Cómo que vuelven?, ¿es que se habían ido a alguna parte...? —preguntan algunos despistados.
—¿Que vuelven quiénes? —preguntan otros, aún más despistados que los anteriores.
Aunque parezcan chiste, estas preguntas condensan dos grandes verdades: por un lado, la constatación de la existencia en el alma del barrio de una... ¿cómo decirlo...?, ¡abwesenheit!, al decir del Tincho, alemán el hombre; y por otro, y mal que le pese a la barra, que de esa au...sen...jait...delaspelotas casi nadie, en rigor, se había dado cuenta.
No obstante, hay mar de fondo, y entre la gente más avispada y que pareciera estar en el ajo, las versiones e hipótesis abundan, a cuál más descabelladas. A saber:
Unos sostienen que Los Habitués, percatados a tiempo de la profundización del derrotero derechoso-liberal que habría de tomar el ispa, se tomaron el piro en una especie de autoexilio forzoso, no sea cosa, y para evitarse el trago amargo.
Otros, que el "exilio" es profesional, y que después de mucho reflexionar, decidieron sincerarse y, por el bien de la Humanidá, dejar de cantar.
Los más dramáticos, sospechan que habrían pasado a una especie de clandestinidad preparatoria de andá a saber qué idea delirante, sin acertar a entrever ni explicarse para qué corno, pero que, conociéndolos, no les extraña.
Otros dan por sentado —sin haberlo pensado demasiado, la verdá—, que esta gente, dado su prontuario y falta de ocupación conocida, de seguro está en cana.
También existe una corriente de opinión —que le gusta darse dique de científica—, según la cual, basándose en irrefutables indicios, Los Habitués, lisa y llanamente, se habrían extinguido. Y chaupinela.
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| Pascualón Vuelve (fotografía: Isabella Amaretto) |
Por ahora, nada han dejado entrever sobre su futuro inmediato los protagonistas del asunto (si es que, por dió, se encuentran en alguna parte).
Mientras tanto, algunos abombados van diciendo por ahí que toda esta historia del runrún, de la vuelta al ruedo y la mar en coche, la echaron a rodar ellos mismos, es decir, Los Habitués, para, a falta de ideas artísticas mejores, hacerse los interesantes y hacerse convidar algún guisito, alguna grapa, en el fondín de turno.
Por supuesto, también están los que dicen que Los Habitués no existen, que nunca existieron, que son parte de una conspiración woke, que en realidad son los padres; dicen también que ser un esclavo del capitalismo financiero mundial es a lo que siempre aspiraron, que todo marcha de acuerdo al plan... Y que la Tierra es plana, ya que estamos. Pero, gracias a Momo, a todos estos alcanza con no darles bola.
Pero bueno, qué sé yo…
¿En verdá la muchachada habrá de volver un día? ¿Se volverá a oír la suave y amorosa cadencia del tango y murga fueyserá por las callecitas del barrio? ¿Se volverán a oír versos de amor en locas murgas, en serenatas? ¿Habrá otra oportunidá para esta patota rante de volver a combatir a puro bombo con platillo y con canciones toda la fealdá, la obscenidad de la desigualdad y el privilegio, la estruendosa malicia de este mundo?
Por lo pronto, hay quienes encienden velitas de esperanza y se susurran pecho adentro: Ojalá que sea pronto, muchachxs, ojalá que sea pronto…
Ojalá.
¡Salú!