14.12.11

lonplei habitué: problemas o el juego de la copa

Queridos productores: queremos comenzar a utilizar este medio para ir teniéndolo al tanto a usté de los pormenores de la grabeta del lonplei, dando por hecho que habiendo depositado ya el tovén y a punto de morfarse de ansiedá el famoso estiquer, debe de estar vi-va-men-te interesado en la marcha de su inversión.

Pues bien, como insinuábamos en la crónica anterior, nos vemos en la obligación de informarles que todo marcha, hay que decirlo, viento en proa. Ansina es, algunos inconvenientes, al parecer de índole técnica, no está muy claro todavía, vienen demorando la aparición del tan mentado artefacto sonoro. Mas no desespere, que paso a explicar:

Vino a resultar que en una noche de bar como tantas conocimos a un tipo —medio conocido de Nino Carcassonne, y esto lo explica todo— que haciéndose un poco el misterioso se le dio por insinuar que conocía, digamos, algunas técnicas, métodos, para —y en este punto bajó dramáticamente la voz al punto de hacerse casi inaudible— traer al mundo de los vivos a... bueno, a los que ya no lo están.

¡Ahijuna con la lobuna! ¡Imagínese el revuelo! Pascualón salió corriendo, y así terminó toda su participación en el asunto. En el medio del alboroto Nino intentaba explicar que, efectivamente, el tipo era medium. Medium ganso, retrucaba Pernod, siempre juicioso, mientras Cynar emitía una serie de sonidos apenas inteligibles debido a la intensa emoción producto de su imaginación desbordada por las infinitas posibilidades abiertas en el caso. Finalmente farfulló (¡cómo me gusta el verbo "farfullar"!):

¿Y a Gardel? ¡¿Lo podés traer a Gardel?!
—¡Para que grabe en el disco, de invitado!— completó raudo Campari, que le cazó la onda al vuelo.
¡¡¡Sííí!!!— dijeron a coro los demás, con voz finita, y ahí nomás, señora, señor, todo se fue al mismísimo diablo.

Para que se haga una idea: estudio de grabación, un micrófano preparado y grabando, un par de antenas de TV de las de antes pa' mejorar la conexión, dibujos en el piso, una damajuana por las dudas, un búho o lechuza—que nadie supo explicar después de dónde había salido—, y el tipo en cuestión ejecutando el ritual que se prescribe para estos casos. Y todo a media luz, claro está, como corresponde en asuntos tangueros y, cómo no, de espiritismo.

Los Habitués, cagados en las patas —de la emoción, intentó justificar después Carcassonne—, en ronda y tomados de la mano, se mantuvieron atentos a las instrucciones mas sin parar de pelotudear —como siempre, según Crespi—, mientras el técnico con sus auriculares calzados en el mate intentaba entreoír qué tal suena el infra-mundo, barruntando si quizás necesitara algún efecto.

¿Quiere que le cuente cómo siguió la cosa? Le recomiendo que se abstenga, porque la noche fue larga y, aunque intensa, penosa. Si lo mata la curiosidá, le diré que a eso de las tres de la matina, por fin, y cuando la barra empezaba a sospechar que se había comprado un buzón de proporciones gigantescas y el medium empezaba a temer por su integridad física, apareció Angelito Vargas. ¡Angelito!... pero el tono le quedó un poco bajo y decidimos buscar otra toma. A las cuatro y veinte respondió a la invocación Leo Mattioli, pero no sabía la letra de Melodía de arrabal. Cuatro y veintitrés, Luca Prodan, que se terminó de escabiar lo que quedaba de la damajuana y se las tomó sin cantar nada. Cerca de las cinco, un coro rumano, un jugador de fóbal irlandés, y un chino de profesión desconocida. Vueltos a afinar la puntería reorientando las antenas, se hicieron presentes Julio Sosa, el varón del tango, y creo que Discépolo, aunque a esa altura todo era ya un descomunal quilombo, con el estudio lleno de gente que seguía apareciendo, y los Habitués más preocupados en hacer una vaquita para ir a comprar otra damajuana que en otra cosa. Hugo del Carril se cantó entera la marcha peronista, mientras Jim Morrison rodaba por el piso rompiendo bastante las pelotas. Mozart anduvo por ahí también, mientras que de Carlitos ni noticias. En un momento se hizo presente Marilyn Monroe, pero rajó al ver en las miradas de algunos de los presentes un brillo de ¿lascivia? No sé, ya le digo que no se quedó para averiguarlo...

A las siete y treinta dos, cuando comprobamos que ni el medium ni el búho estaban ya allí decidimos desistir y nos tomamo' el buque, discutiendo que si las antenas, que mejor probar con uaifai, o que si Carlitos andaba ocupado, por ahí tenía una actuación, o durmiendo la mona, andá a saber. Que por ahí había venido pero que no lo vimos en semejante despiole... Etcétera.

En fin. Alguna cosa debe haber quedado grabada, creo, aunque no creo que sea de su gusto (los rumanos cantaban bastante como la miércoles). Es justo informarles también que el vento que laboriosamente habíamos reunido gracias a ustedes se lo dimos al coso éste que hoy se encuentra inhallable, razón por la cual nos encontramos como recién venidos de España, debiendo comenzar todo de nuevo. Mas, queridísimos amigos y amigas, confiad en esta patota rante que, así y todo, el lonplei avanza y toma forma. Y va a estar buenísimo, va a estar. Humildemente, me parece que está quedando.

¡Salú!

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