14.2.11

¿Valentín?... No, acá no vive, señora...

Rosa. Rosa, Rosa, la maravillosa... Todo es rosa el 14 de febrero. Rosa y rojo, rojo y rosa, y corazones. Corazones por doquier, de distintas formas y tamaños, ositos, peluches, cupidos, tarjetas... ¡Tarjetas! Porque digamé, ¿cuándo cornos le mandó usté una tarjeta a alguien para decirle ninguna cosa?

En los cumpleaños quizás, y hasta por ahí nomás, porque en general uno las termina haciendo a mano, que son más lindas y digamos que se puede intentar ser un poco más preciso que "Tú me fascinas, porque sólo existes tú en mi vida".
Haciendo un paréntesis diré que desde el vamos la construcción de ese tipo de frases es, digamos, dudosa, porque uno sospecha que el encanto viene medio tergiversado por una torpeza de fábrica que las convierte en una especie de verdad de perogrullo, y hasta contradictoria. Por ejemplo: "Amo mirarte porque sólo puedo mirarte a tí". Bueno, de lo que se deduce que si pudiera mirar otra cosa quizás no te amaría tanto...

Los Habitués sospechan un poco por principio de este tipo de sentimientos manufacturados. Porque, imagínese, ¿quién escribe esas tarjetas? ¡¿Eh?! De seguro se trata de algún tipo de factoría, con hileras de escritorios y, asalariados, un montón de tipos de sombrerito gris cuya tarea es dejar fluir sus sentimientos, que seguramente no sienten, en versos más o menos galantes durante ocho horas por día, por un sueldo de morondanga, vacaciones y obra social... Porque, ahora bien, no creo que los dueños de una empresa tal se desvelen demasiado en conseguir, por ejemplo, verdaderos poetas... ¿Se imagina usté el aviso clasificado? "Se necesita poeta sensible, que preferentemente haya experimentado las alturas del amor y los abismos del desengaño. Poetas con errores ortográficos abstenerse..."
Más se me da por imaginar un gordo con tatuajes, barrabrava de Olbois, poniendo parafraseando a Neruda, "Me gustas cuando callas...", mientras piensa como hacer para enmudecer a su jermu de por vida sin tener que ir en cana...


Y todo esto viene a cuento porque viene a resultar, me acabo de enterar, que hoy es el Día de San Valentín. ¿San quién?, pregunto yo que de santos conozco poco, y a éste mucho menos... San Valentín, me dicen, el patrono de los enamorados... ¡Acabáramos!...¿Y pa' qué sirve?, digo yo, porque nunca en este sur latino y caliente hicieron falta santos para enamorarse. Y mucho menos de manera tan ñoña, muy al gusto de los pálidos anglosajones, esos vikingos, que allá en sus helados y lejanos fiordos prefieren, se ve, enviarse tarjetas antes que ponerse en bolas como Dios manda y a reproducir la especie que se acaba el mundo, pebeta...

Porque ¿desde cuándo el amor es así, 'rosita'? Acá en el sur el amor es azul, a veces verde, otras rojo o naranja, o amarillo brillante. Seguramente no tenga forma de corazón, y, para empezar, tiene un gusto al agua sucia del río, un olor a tormentas, esas que hacen mierda todo cuando pasan, a sudor, a vino, y a lágrimas, de risa y de las otras. En general es imposible de nombrar -por esa razón los más preferimos ni intentarlo-, y es difícil, terriblemente difícil, portentoso y arrasador. Por eso es que acá en el sur al amor no se lo nombra sino que se lo hace, a puro taura corazón, a carcajadas de Carnaval, vendida el alma al diablomujer, esa que te ablanda los huesos y espesa la sangre, pa' decirte lo más campante buen día al otro día, así, como si nada, o, en todo caso, con una sonrisa en los ojos que no te deja menos que hecho un chichipío, un pobre gil enamorau'...

Así que no me vengan a joder con huevadas for export, una más de las tantas. Estamos hasta los cojones de que nos tomen por bo-lu-dos, señores, con toda esta gilada imperial. Acá a la compañera se le dicen los sentimientos de uno cuándo y cómo a uno se le canta, mire si va a haber un día especial para decir "te amo" si uno ama. Y aún peor, verse obligado a decirlo por compromiso cuando no, sólo porque suena lindo. El amor, ese montón de cosas que llamamos amor, no se merece que le pongan un día. Ni trescientos sesenta y cinco. El amor es otra cosa que, por suerte, no tenemos la más puta idea qué cornos es. Quizás por eso es que no podemos vivir sin penar -¡sin goza', chico!-, por él.

Compañera del alma, entonces... Nada, te digo mañana.
¡Salú!

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