10.1.11

¿saben, saben lo que hizo?...

Che, qué mala costumbre esta de irse nomás, así, como sin avisar, mecachendié...

Ochentaiún pirulos hubiera cumplido la niña esta, mocosa eterna, el 1º de febrero próximo. Pero no voy a hablar de ella, de María Elena, que hay mucho para decir, y quizás no todas sean rosas. Pero, qué quiere que le diga, hay cosas que son parte de uno, que son uno, hasta los tuétanos o, como está de moda decir ahora, se llevan en el a-de-ene. Tanto así que nada más diré que ayer, mientras paseaba con mi Bicho, fuimos cantando todo el camino, sin querer o queriendo, casi sin darnos cuenta, mire, lo que sigue:



Osías, el osito en mameluco,
paseaba por la calle Chacabuco.
Mirando las vidrieras de reojo,
sin alcancía pero con antojo.

Por fin se decidió y en un bazar
todo esto y mucho más quiso comprar:

Quiero tiempo pero tiempo no apurado
tiempo de jugar que es el mejor.
Por favor, me lo da suelto y no enjaulado
adentro de un despertador.

Quiero un río con catorce pescaditos
y un jardín, sin guardia y sin ladrón.
También quiero para cuando esté solito
un poco de conversación.

Quiero cuentos, historietas y novelas,
pero no las que andan a botón.
Yo las quiero de la mano de una abuela
que me las lea en camisón.

Quiero todo lo que guardan los espejos,
y una flor adentro de un raviol.
Y también una galera con conejo
y una pelota que haga gol

Quiero un cielo bien celeste aunque me cueste.
De verdad, no cielo de postal.
Para irme por el este y el oeste
en una cápsula espacial,

Osías, el osito en el bazar,
todo esto y mucho más quiso comprar...


Sí, íbamos cantando la mar de felices, la verdá, la Marcha de Osías, que ni siquiera sé si es la que más me gusta. Por lo menos no tanto como El Brujito de Gulubú o la Canción de bañar la luna, el Mono Liso y su naranja paseandera, Don Enrique del Meñique, o ésa que dice peligroso es andar por la ca... la calle del gaaaa... del gato que peeees... que pesca y después se esconde y se escá-pa-pa-pa-paaaa...

Diría que se nos fue hoy un cacho de nuestra infancia, pero no es cierto; es al revés. Hoy tenemos, y de aquí para siempre y hasta la luna de ida y vuelta, gracias a ella, la llave mágica, el abracadabra infalible, para ser, en un periquete, los felices purretes que fuimos alguna vez y que por suerte, seguimos siendo.

Los Habitués, diez morrongos elegantes de bastón, galera y guantes, en este reino al vesrre donde dos y dos son tres, hoy se vuelven a la infancia y, después de brindar con café con leche, salen a la vedera pa' invitarla a jugar a usté... no sé... ¿a una escondi? ¡¿Quién cuenta?! ¡Ya, pe, yu! ¡¡¡Cuenta María Elena!!!




¡Salute, piba! Y gracias...

Para sembrarte de guitarra,
para cuidarte en cada flor,
y odiar a los que te lastiman, mi amor,
yo quiero vivir en vos.

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