5.1.10

Una muchacha y una guitarra

(Nota de la redacción: Ante algunas nobles llamadas de atención sobre un párrafo la verdá que desafortunado, el texto de la nota original ha sido modificado. Sabrán disculpar. Los comentarios al pie permanecen tal cual. Salute.)

Sabias palabras, ¿qué más querés?, pero justamente me puse a pensar... ¿¡Y "las nenas"!? ¿¡Qué hacemos con "las nenas"!? Sepan que aquí hay diez pechos habitués prestos a brindarles contención y cariño (por si necesitan algo, digo...). No será rocanrol, "Los Habitués de Fuego", ¿te imaginás?, y no movemos tan bien las caderas, pero... los tanguitos tienen su encanto. Digo: también pueden ser calentones, ¿o no?



El coso éste suspende su bien merecido descanso porque, bueno, ya lo sabe todo el mundo, como bien lo predijo el gran diario argentino la otra vuelta, ayer se cansó de darle vueltas al asunto y dijo chau Sandro de América, ídolo de multitudes y hombre del sur, de casi mis pagos.

Debo confesar que en mis tiempos, además de matarme a tangazos, yo curtía lo que se había dado en llamar música "progresiva", y Sandro, y con él un montón de mamertos que se podrían señalar como "comerciales" (mucho menos talentosos que él, claro, y con mucha menos onda) eran poco menos que el diablo en persona. Por suerte con el tiempo uno aprende a ser más tolerante y a reconocer el talento y la honestidad sin detenerse tanto en los envases.

Debo confesar también la envidia que, aunque fingíamos indiferencia, nos daba que todas las minitas murieran por él. Y es que el Gitano estaba fuerte, quéselevacer. Cantor popular, con todo lo que eso significa, con una voz de la san puta, de un talento y una presencia admirables, y creo, y sobre todo, un buen tipo. Lamentablemente en los últimos tiempos tuvo la mala idea de sumarse al coro de infra-fascistas que con Susanita a la cabeza vienen diciendo (repitiendo, diría yo) salvajadas y pelotudeces sin par sin que se les mueva un pelo. Y bué... Así andamos en el ispa, con los medios que supimos conseguir. En fin...

Esta noche entonces los Habitués se toman el Roca y se van pa'l sur, pa' Banfield, a Villa Martini, nombre habitué si los hay, pa' brindar a su salud:

¡Salute, Roberto Sánchez, habitué!

Che, y avísenle a los payasos del diario ése del tipito con una trompetita que está vez va en serio, a ver si se olvidan de sacar el suplemento...

¡Ah! Y che, ¿pusieron los zapatos? Que esta noche vienen los Reyes... ¿Qué pidieron? ¡Qué emoción, bolú!

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